jueves, 20 de diciembre de 2012

Por los siglos de los siglos...


Per saecula saeculorum

La oscuridad cubría el asfalto citadino aquel  día singular, los gritos que anunciaban el fin de la civilización descendían en espiral bajo el anochecer del cataclismo, todo era locura alrededor, la eterna búsqueda de igualdad se materializó en un colectivo terror, esta ocasión la humanidad no tenía diferencias ideológicas o credos marchitos, el sabor persistente en sus bocas era el hedor pestilente de la muerte que se alzaba paulatinamente sobre sus diminutas materias orgánicas.
Temían parpadear, en cualquier momento la cólera  incontenible podía tomar para siempre las vulgares visiones  de una mañana común entre pan francés y café desabrido, irónicamente ya no existía el enojo, no había reclamos, las gargantas desgastadas por la ceniza e inútiles gritos de compasión quedaban mudas lentamente en un agónico capricho de cierto ángel exterminador.
El paisaje era hermoso, al menos para mí. Nunca antes la intensidad del sol se comparó con el atardecer forzado de las llamas consumiendo edificios doblegados ante su paso, uno a uno caían cual desgastada ceniza en la punta de un cigarrillo. Ese no fue el único recuerdo que conservo de aquella madrugada. El cáncer desaparecía de igual manera, estaría por demás explicar que el bubón al que me refiero llevaba por nombre humanidad, nunca supieron hacer nada mejor que replicar las células de su maligna tumoración, al final cayeron de la gracia de un imponente ser inexistente  y la cura para su creación fue la muerte efectiva bajo los influjos de un angélico napalm.
No tengo interés aún en este momento de saber el porqué  aquel día se desato la funesta mano del destino, sin embargo para un engendro como yo  no fue si no el especial día en el que el capricho de algún ente me unió bajo los lazos de la muerte con la dicha.
Caminaba de regreso  a casa tras haber terminado mi paseo nocturno. La disertación en esa ocasión se basaba en conjeturas decadentes respecto a la muerte,  maravillosamente estaba decidido a retomar mi plan de terminar con el avance de mi vida, pero en aquel momento todo fue distinto, las irónicas fauces de la vida me llevaron de la mano por un camino distinto al de la farmacia  donde planeaba adquirir mi dosis de barbitúricos.

Lo recuerdo a detalle, era una típica velada otoñal, nada salía de los impuestos límites de lo normal, las pocas hojas que  se aferraban inútilmente a las ramas, eran alcanzadas y destrozadas por el viento, una a una caían en un elegante baile para al final terminar  en el pavimento creando una alfombra de cadáveres, disfrutaba escuchar el eco de mis pisadas imaginando el crujido  como si fueran osamentas dispersas.
La noche era joven aún, su virginal presencia dejaba entrever algunas estrellas debajo de su ennegrecido velo.
Luna no había, desapareció del cielo, la postal que recuerdo es bella  pero si tan solo   hubiera iluminado por última vez al mundo…

Callejuelas decadentes se cruzaban entre suciedad y monocromáticos monolitos de pavimento,  todo era ordinario y marchito. Aceleré mi paso en la esquina de una calzada olvidada, algo en ella captaba mi atención. En ese momento  olvide la contemplación de la arcadia natural para adentrarme a la grotesca figura  de las calles. Sin percatarme del error  que había cometido llegue a la penumbra de un callejón sin salida, continué mi andar a pesar de saber que terminaría llegando a un punto con retorno inminente.  El camino estaba mancillado por la suciedad y al final se encontraban amontonados  algunos residuos de basura.
El error hipnótico que me poseía se disipo al vislumbrar con poca claridad una delicada silueta  arrodillada,  no distinguía del todo aquella forma que se retorcía cíclicamente hasta mi acercamiento.  Se trataba de una chica sollozante bajo el refugio que ofrecía la noche, me detuve a  observarla;  la mirada perdida e inhumana que poseía despertó mi morbo,  lágrimas  inertes anunciaban un dolor innato bajo esa mirada desconcertante, sus manos descansaban sobre sus sienes  parecían querer atravesar su cráneo,  volteó la mirada hacía donde me encontraba y se incorporó con torpeza, huyó con rapidez por entre las calles cercanas.
En un vano intento por seguirla con la mirada capté el principio del fin. Un intenso destello partió el firmamento, el viento se detuvo, las hojas murieron, y las estrellas perdieron su brillo.
El cataclismo comenzó oficialmente poco antes de medianoche y  pude presenciarlo desde el inicio.
No sabía a qué se debía el intenso brillo que produjo tanta miseria a los falsos hombrecillos trajeados y mujerzuelas superficiales, pero por primera vez sintieron una ínfima partícula de mi cotidiana formula sentimental, dolor, terror y decadencia…
Regresé por el sendero de  asquerosa imagen, vagué sin rumbo fijo por unos minutos, todo seguía tan plano como de costumbre, solo personas en demasía  perceptivas hubieran apreciado el aumento en la oscuridad, sin fijarme mucho en el detalle continué cayendo hacía un pozo repleto de cadáveres.
Pasaron algunas calles más para que el segundo brillo invadiera con sus fractales decadentes, está vez una agradable conmoción atrapó mis sentidos, no entendía que se anidaba en las profundidades de mi pantanoso ser, pero algo bello estaba por suceder.
Gritos de desesperación estallaron escuetamente, se apreciaba a la lejanía una gigantesca llama proveniente de un monumento antiguo, se erguía imponente extendiéndose por los jardines e invadiendo lentamente casas, autos y personas…
Corrí hacía una callejuela pendiente para apreciar el espectáculo,  diminutas bolas de fuego  se movían con desesperación sin rumbo fijo, se retorcían y gritaban, ninguna escapaba al extraño suceso…  extraordinario.
Un brillo más atravesó las estrellas en dirección al dolorido mundo, seguidamente  otro más impactó y otro… así comenzaron a llover fragmentos de luz, parecían estrellas fugaces anunciando la llegada de un final inminente, la novela escrita por los hombres en la tierra llegaba a su fin.
El divino réquiem de dolor traspasaba las paredes de los edificios contiguos, cada nuevo destello que se hacía presente, absorbía la belleza estelar y con llamas de pureza aniquilaba las convulsas figuras de carne cual cera hirviente.
Edificios, monumentos, puentes y  catedrales, todo aquello que alguna vez fue alzado bajo la soberbia mano humana  era desintegrada por las llamas de la furia.
Los cementerios seguían en pie, la ironía del destino preparaba un espectáculo aún más bizarro que el simple hecho de aniquilar  un virus tan prolifero como lo representaba el hombre, la única casa segura era el campo santo de los recuerdos olvidados.
Ahí se dirigió mi atención,  al cercano cementerio que abría sus puertas para que apreciara desde lo alto de un mausoleo  el único escenario digno de ser visto.
No tardé mucho en cruzar el umbral del cementerio, las puertas eran negras y los muertos que se descomponían en la placidez de aquel lugar se encontraban resguardados tras unas inmensas murallas rojizas, rodeadas de florecillas enigmáticas y llenas de color, la fortuna había dejado intacto tan pacífico lugar, me dispuse a iniciar mi ascenso hacía la boca del olvido.
Las  lapidas eran enigmáticas, recorrían son forma las carencias del terreno humedecido, avance entre secciones del cementerio, a mi lado izquierdo descansaban niños muertos y a la derecha  se encontraban algunos adultos putrefactos.
Contemple la belleza de aquel lugar, sin prisa, el fuego no se extinguiría aún, la magia perduraría e incluso se extendería conforme avanzara la noche, y así fue.
Llegué al centro del lugar, en el se encontraba una fuente rodeada por dos frondosos árboles, descanse en la fuente y admire los destellos que caían con regularidad, el azote contra el mundo era un luminiscente recuerdo.
Cerca de la fuente  percibí pasos  que se aproximaban, ignoré el sonido y continúe embelesado. Los pasos cesaron abruptamente y seguidamente  una delicada voz se dirigió a mí:
-¿Es un lindo espectáculo cierto?,  me fascina dejarme llevar por el tiempo contemplando el cielo.
Gire hacía donde se encontraba la poseedora de aquellas palabras, con gran sorpresa admire una singular indumentaria, a pesar de ser medianoche ella traía unos lentes de sol, en la mano izquierda sostenía un bolso en forma de gato, ella bajo la mirada y me observó.
-¿También disfrutas del paisaje?
­-Disfruto una noche mágica como la del día de hoy. Aunque de cierta manera cada noche conserva un maleficio único.
-¿Qué opinas del atardecer?- Se sentó  en la fuente y abrió su bolso.
-Me agrada observar su muerte a diario, cada estrella es como una daga que agujera su esencia y el sol al ocultarse, muestra el mismo efecto que la sangre proveniente de un cuerpo apuñalado.
-¡Exacto!- respondió  tomando un puño de caramelos de su bolsa- ¿Quieres?
-Aceptaré por esta ocasión, ya que debo continuar mi marcha.
-¿Hacia Dónde te diriges?
-Donde sea que me lleve este día tan singular.
-Ya veo… regresando al punto anterior, ¿has apuñalado a alguien?
-Nunca lo he intentado, si no puedo con mi suicidio crees que podré  asesinar a alguien más?
Alzó sus lentes, debajo se encontraba una severa mirada peculiar, un brillo cercano  cimbró el cementerio con su luz, en ese momento reconocí aquellos ojos, era la chica de mirada perdida que se encontraba sollozando en aquel callejón, me sorprendió sin incitarme a preguntar por su estado, deje que continuara:
-¿Suicidio?,  ¿Eres algo inútil no crees?... apuñalar… olvida el punto del asesinato, simplemente no logro conectar mis ideas y me llena de curiosidad el saber porqué compartes ese patético plan conmigo.
El tono de su voz había cambiado a uno agresivo y tenue, no había visto su mirada bajo los lentes pero seguramente cambio al instante que se los quito.
-Descubrí que aquello que sacaste de tu bolso no son caramelos, son antidepresivos, los he llegado a tomar, su efecto no sirve…
-Eres listo, pero los humanos son estúpidos ¿sabes?, no puedes ser diferente,  O eres un Genio o un enfermo pero no puedes salir de las descerebradas ovejas que transitan a diario con sus estúpidos cigarrillos o drogas, además no son diferentes a ti, esos imbéciles se matan lentamente pero para ellos es un estado de superioridad…- limpió sus lentes con un paño y se los puso nuevamente-  Estos dulcecitos son para mí un juego, no me agrada el sabor, pero mientras tenga que seguir en tratamiento debo tomarlos,  tú sabes de estos dulces…
-Sí, en mi condición he tenido que visitar esos centros, no me han ayudado ni siquiera la vez que intenté suicidarme frente a un montón de conocidos… da igual debo irme, gracias por los “caramelos”, pero no quiero perder más tiempo, el telón no ha hecho más que abrirse y ha caído uno de esos haces cerca de aquí.
Me levanté, seguí andando sin camino,  escuche como aquella chica corría hacía mí, sentí una mano tocando mi hombro y con un ligero nudo en la garganta comenzó a decir rápidamente:
-Perdona si te ofendió! Siempre la oculto pero sale, no la detesto porque es una parte de mí pero aún así desde pequeña aleja a las personas de mi lado, lo siento, no quería ofenderte… al menos yo no…
-No me ofendí, tan sólo quiero apreciar las llamas consumiendo este lugar y se hace tarde.
-¡Espera! Debes saber que ahorita estoy yo contigo, pero ten cuidado cuando salga mi otra personalidad, ella no es mala tan solo piensa diferente, dale una oportunidad, con los dulces se vuelve una gran amiga.-dijo sonriendo.
-Entiendo, gracias por la explicación, así que tu problema es la personalidad… no importa, en este momento dudo que esos detalles mínimos importen a alguna de esas antorchas andantes.
-Sabes conozco un lugar en el que podremos ver todo este panorama tan épico, no está demás comentarte que este es el cementerio de mis sueños… -corrió a mi lado y me dirigió- Es por aquí…
Cruzamos una sección puesta por un sendero, en ella no había lápidas, era hermosa debido a que del montón de materia orgánica en descomposición  nacían una variedad de bellas flores y árboles, llegamos a un mausoleo imponente tallado en marfil, ella se adentro y subimos por unos escalones dentro de aquel lugar, salimos por la parte superior  y subimos a la rama de un árbol que se conectaba con el techo del mausoleo.
-Estamos por llegar, es aquí- se arrojó de la rama- Confía en mí, ¡salta!
Me arrojé sin miramientos, sentí la sensación de haber caído entre un montón de hierbajos secos, me abrí camino  y el esplendor de aquella vista cautivo mis ojos.
-Te dije que sería una vista épica
-Es una vista privilegiada, desde aquí se ve toda la ciudad…
-Ven siéntate aquí.
Nos sentamos sobre una lápida derruida, el lugar donde nos encontrábamos era el punto más alto del cementerio al parecer se encontraba construido sobre un monte.
Aprecié la vista alrededor, un montón de humanos calcinados y algunos en el proceso de terminar igual, llamas inmensas cubrían de una amplia gama de manchones rojizos y anaranjados el paisaje, los gritos se apreciaban a la perfección y los brillos que descendían del cielo sin luna acariciaban la superficie con una belleza sutil.
Mi singular compañía acomodó sus lentes en un par de ocasiones y con una profundidad extraordinaria dijo:
-¿No adoras este baile en decadencia?, admíralos están presos en una mascarada mortal, tratan de extinguir inútilmente las llamas, pero ellos quedarán extintos bajo el fuego del cual alguna vez avivaron la llama.
- Nadie podrá apagarlos, ellos desencadenaron la furia del destino…
- ¿Fue destino que te haya encontrado un día como hoy?
-No lo sé, pero disfrutemos de lo que más nos gusta ver, muerte y paisajes, que puede ser más perfecto?
Aquel era un atardecer como el que disfrutábamos ver, no era propiciado por la naturaleza pero si contenía sus vívidos colores, el factor que lo hacía especial era la marca de la muerte, la extinción de esta era…
Era probablemente la última noche del mundo, pero para mí significaba la primera noche dentro del mundo. Pude ver sus colores aun siendo pulverizados por las llamas, todo tuvo sentido. De haber conocido a un ser como ella antes, hubiera pensado con seriedad la idea de mi suicidio.
Charlamos frente a la dantesca escena del paraíso, los brillos seguían cayendo y a su vez el paisaje cobraba una intensidad inefable, desde el lugar en el que estábamos parecía como si una isla flotante estuviera  por encima de una galaxia en nacimiento, esa noche fue especial, pude haberme quitado la vida pero en lugar de aquel evento, deje de sentir un vacío que me carcomía por dentro.
-Sabes nunca había conocido a alguien que tuviera un gusto tan mórbido, y mucho menos a dos personas en una!
-Te digo, ella no es tan mala, hasta te compartió sus caramelos!
-¡Es un día épico! De haberte conocido antes habría pensado seriamente  acerca de mi suicidio, aunque sabes algo, quizá debimos degenerar nuestra razón para poder disfrutar el día de hoy de  la destrucción total de este lugar, eso me hace sentir aún mejor, y pensar que hoy me llenaría el estómago con medicamentos para detener el flujo de mi vida…
- Si nos hubiéramos encontrado antes, seríamos como Nerón y este mundo sería nuestro Roma… las llamas que depuran con su inminente paso me hacen sentir como nerón…
El incendio tuvo un clímax celestial, las personas ya casi no gritaban  o rogaban a sus respectivos credos la salvación, tan solo se resignaban a morir como yo…
La mire a los ojos ella se quito los lentes por  última ocasión en la noche y aprecié su mirada como no había tenido oportunidad hasta entonces, sus ojos reflejaban una melancolía intensa y a la vez tenían algo fuera de sí, como si no existiera su presencia en este mundo.
-Suicido… no recuerdo cuantas veces lo intenté, hasta que  descubrí en aquel asqueroso lugar que no había como conseguir ”sueños interinos” y eliminarlos para saciar tu sed instintiva de muerte . -Se dirigió a mí con un tono extraño

-no comprendo lo que quieres decir…
-Hoy visité mi último sueño, en el cementerio, tengo algunos días de haber escapado de un centro, uno de aquellos que tu también conoces… intentaron detenerme… pero el filo de mi daga perforó su delicada piel como las estrellas lo hacen con el atardecer, creo que esta es la primera vez que un sueño es tan efímero, te conocí, eres un sueño y ahora deberás quedar enterrado y consumado en el cementerio de mis sueños…  Desde aquí podrás ver el resultado de mi cementerio, admira debajo de nosotros, más allá de la belleza de este fuego eterno, encontrarás los residuos de eso que llamamos humano…
No sentí terror alguno, enmudecí y me dejé llevar por el océano de dolor de sus palabras, dirigí mi mirada cual fiel cordero y el olor penetró en mi garganta, un montón de cuerpos putrefactos se veían apilados a la distancia en un acantilado, la miré con emoción y entregué mis últimos instantes a la primera persona que conocía mi interior sensible, y en algunos momentos después conocería mi interior material, sería parte del cementerio de sus sueños, nada mejor para el final de mi vida, terminar muerto como la víctima de alguien tan similar  a mí.
Abrió su bolso, admiré el resplandeciente brillo de la daga de plata que empuñó y cerré los ojos conservando en mi memoria el recuerdo de su silueta enmarcado con el resplandor de un atardecer de fuego.
Entregué lo más preciado para mí a una ser diferente como yo, el privilegio de mi muerte no estuvo en mejores manos que las de una doncella que vive una doble vida,  tal vez no fue la última noche del mundo pero si la mía, aquella en la cual la luna no estuvo presente.  No recuerdo del todo,  quizá fui yo el causante del fatídico encuentro antinatural, no apelo a mi memoria la veracidad de mis recuerdos. No sé si vivo o estoy muerto, tan sólo entiendo que en la última vela que se encendía sobre el mundo, yo terminé rodeado de cadáveres putrefactos, pero con la sincera sonrisa de quien encuentra la muerte más anhelada…






Por encima de las nubes en el paraje desolado del universo, grotescas figuras se yerguen,

 Dirigen tú liviana esencia por entre las dimensiones perdidas,
El esplendor al final del túnel de  pesadilla es la danza de dos luceros meditabundos,
Nada en el océano de estrellas supera la belleza de un espectáculo otoñal,
 Todo está muerto para el universo…
 Lo único que prevalece es el brillo celeste de dos luceros perdidos al final del cataclismo,
Nada está muerto para ellos…
 Juntos en su danza sin fin se consumirán entre fractales luminiscentes
Per saecula saeculorum…

lunes, 17 de diciembre de 2012

Navío


Regresando a los restos del navío llamado felicidad
Percibo el murmullo de la corriente que lo conduce
Arrastrando entre sus brazos la nave de mi antigua cualidad.
La marea me seduce.

Un recuerdo flota sobre las olas
Me hundo para recuperarlo
Siento mi pesada vejez en caída vertiginosa
Horas, días, años, ha costado encontrarlo.

Desde el declive
Perdí la guía, se apagó la estrella polar
He dejado de sentir la fuerza que me impulsaba al viaje
Solo me queda  ver un astro y desear.
Regresar,
Y por un momento perderme en el pasado
Que ha perdido nitidez
Se quedo atrapado en el vendaval.

Aquellos recuerdos como tripulante de la felicidad,
Son devorados por las fauces del mar…

domingo, 2 de diciembre de 2012

Y la vida se detuvo…



No existía un claro motivo para el torbellino que arrasaba aquella vieja ciudad abandonada. El recuerdo que se alzaba en vuelo  arrancaba la corteza de la memoria. Como cientos de agujas se lanzaron en una marcha caótica  con destino al foco del lugar.

Uno a uno salía de sus madrigueras, caían del cielo e incluso hacían acto de presencia  desde las sombras,  todo era confusión.

El valle de la perdición se encontraba invadido por la premisa de la locura; Locura colectiva que tenía congregadas a las hordas que tomaron las calles.

No existía alba…

Tampoco  noche…

El día había perdido sus fases, era un cúmulo de instantes, sentencias y falacias desperdigadas en el escritorio de un viejo escritor moribundo, recitando las últimas notas desde el cansado resonar de una desgastada garganta.
Armonías antes existentes en el ambiente dejaron de sonar… tan solo quedaba calamidad.

Se percibía un cambio en la rutina, las agendas se vaciaron de tajo, las citas habían terminado, calendarios deshojados, relojes sin minutos que contar,  marchas autómatas se encargaban de enardecer el lugar como una chispa encendiendo la resequedad  de un puñado de hojas secas.

Así uno a uno se consumía entre fuegos nuevos, las calles alumbradas por el arder de  las llamas, sin grito sin llanto…

Derrumbes por doquier, lápidas esparcidas sobre la orbe tallada en piedra, restos de lo que fue doblegados ante lo que dejo de ser…

Corrientes de aire  a penas perceptibles…
Se apagaron las miradas, se enmudecieron las gargantas, los sentidos se perdieron,  todo cayó  al abismo del ciclo.

Nada quedaba  ya, la reminiscencia de lo que fue se desmoronó entre historias mudas,  el pulso cesó,  aquel corazón demacrado cedió, la muerte despertó de su letargo…

Y la vida se detuvo…

lunes, 3 de septiembre de 2012

Luz de luna

Hay gran cantidad de senderos.
Puedes llamar como quieras a la causa que te ha traido aqui: azar, coincidencia, lo inevitable o el destino.
La vida es realmente espantosa pero, dentro de todo ese terror y oscuridad que nos da, nos atrae, nos mantiene.
No importan ya los años trascurridos, ni siquiera la historia importa, no hay solucion en un porque. La maldicion de ser diferentes nos aompañara siempre.
veo cosas  en ese cielo, cosas que me llaman, asi como el cielo del ocaso o, el ceilo nocturno, bajo la luza de esa luna inconstante.
"ven aqui, ven aqui" es todo lo que escucho.
No estoy a salvo en ningun lugar, a ninguna hora.
No hay paz, no la habra. me sigue en las sombras, me asecha en la oscuridad.
solo en los sueños puedo tener algo distinto. Puedo escapar de todos mis fantasmas, pero se que no durara, pues las cosas son lo que son.



lunes, 23 de julio de 2012

Improvisaciones Nocturnas


Oscuridad


En cada pedazo de luz, hay uno de oscuridad
La que llevamos tan dentro de nosotros, pero no tan alejada de los demás
Yo la busque por cielo, mar y tierra
Yo la anhelaba más que a nada
Y la descubrí…
De frente, imagen y semejanza de mi interior desgastado, cual espejo pulido entre la falta de esperanza,
el anhelo de reencontrar la verdad oculta en las tinieblas talladas en lamentos
Mi oscuridad a diferencia de muchas otras tiene un color tan brillante, tan claro,
 Blanco,
 mi propio claro oscuro.

La pureza transmutada,
incinerada en los colores de la ilusión,
creación propia de un titán purulento, temeroso

Grité a los cuatro vientos:
 ¡Yo soy la oscuridad!
¡Yo soy la maldad de todo este pútrido mundo!

El sonoro eco despedido tan solo cimbró la soledad en lo más profundo de mi existencia
existencia carente de sentido,
de rumbo
retazos de lo que fue un ser…

Soy un espectro vagando en un mundo de vivos que no sabes que han muerto,
Autómatas resignados a la rutina del vulgo, del mundo que señala
y devora con fauces insaciables,
El señalamiento. La muerte.









domingo, 22 de julio de 2012

Improvisaciones Nocturnas



Abrir la ventana inmersa en sueños esparcidos...
labrados en sombras inexistentes
marchitos en el efímero deseo
destrozados entre mis manos temblorosas
vislumbrando la oscuridad,
el estallido de dolor  se clava en mi vista mutilada
     Así he de sentir los sueños, proyectados como sombras desquebrajadas,
     al  iluminar la figura de la locura…


Esa que se dibuja tímidamente en tu voz,
 que define tu espíritu y se ve a través de tus ojos.
Convulso en la materia de tu propia creación,
el eco olvidado de un recuerdo tortuoso,
la que impregna todo lo que te constituye para llevarte a otro mundo
Mundo olvidado, marginado,
el único,
 en el cual puedes estar en completo reposo.


Es solo la idea que me hace soportable el todo
Es lo que da paz a mi alma


Es lo que debo seguir,
porque es todo lo que soy
sin pasado,
sin futuro,
                       tan solo el efímero e inestable estado del presente,
                       del cual no puedo    escapar.
trato de huir
en cada fallido intento doy un poco mas de vida al mundo que he creado.


¿Sabes en qué momento cruzaras esa delgada línea entre la realidad y mí realidad?
Aun no hay un modo,
pero todo comienza con una idea y tener una, es tener un motivo para
entrar en ella.
Disfrutando a cada paso,
porque eso será el único modo de vida que tendrás,
en el único mundo que es tuyo.


                       El mundo en el en el cual la distinción tan solo se presta a la de las ideas,
                       crecientes en las raíces de tu universo,
                      tan paralelo como lleno de tranquilidad.

viernes, 6 de julio de 2012

Soma para el alma


                                           Espiral


Caminas descendiendo una colina sinuosa, densa neblina humedece tu rostro con su rocío des uniforme. Continuas ciegamente hasta cuando tu visión comienza a restaurarse paulatinamente, como un silbido angelical el céfiro desvanece su telón de neblina, muestra su esplendoroso escenario como si hubiera sido reservado para tus ojos mortales.

Observas el primer acto, los cuerpos putrefactos   están ante ti inertes, caminas entre el olor a muerte y las imágenes de mutilación natural.

Los cuerpos crujen bajo tus pisadas, a cada paso el hedor  de  horror te invade, detienes tu andar estrepitosamente, alzas la mirada con lagrimas hipócritas, elevas tus dantescas palabras a sabiendas de que no tienes la gracia del reclamo, solo quieres que te den un poco de cariño celeste, mas el cielo responde con sus nubarrones grisáceos como tu ligera alma de plomo  se imanta a la enfermedad, la locura, tú locura.

Sigues admirando el dedo creador ensangrentado por las nubes  en su agonizante danza, nada podrás hacer ante tu mísera presencia más que evocar a tu hipocresía banal.
Las mascaras no sirven ante el demonio de la muerte que invade tu esencia, decides seguir aunque la  alfombra humana detenga tu paso temeroso, nada puedes hacer para escapar al morboso instinto;  Obligándote a  que continuar tu marcha hasta donde su límite le plazca.

Destrozas osamentas oxidadas en el páramo de la solución final,  nada  vivo queda más que tu mínima presencia incesante.
Continuas con el corazón débil y la vista fija por el sendero sin camino, cada cuerpo que pisas expulsa lanzas blasfemas a tu credo, tus lagrimas riegan caudalosamente el  campo infértil  abandonado en el limbo. Nada puedes hacer solo avanzas hasta donde los árboles muertos  yacen y te preguntas:

¿Sirven las mascaras  de los demonios engendrados por tu naturaleza?

¿Acaso, no eres humano?

Después del final eres el único ente  pisando el cadáver del mundo,  como la insignificante larva carroñera que eres…